Un recorrido por distintos barrios de Madrid en busca de su identidad, esbozando la singularidad histórica que define a sus vecinos. Es aquí, por medio del montaje, donde la película deviene ensayo y se alza como germen formal de lo que será Canciones para después de una guerra (1971), sublimación del delicioso esbozo que nos ocupa. No en vano la utilización de la música no es un elemento menor ni azaroso en Paseo por los letreros de Madrid. Quien identifique cada uno de los pasajes, algunos harto fugaces, no podrá ignorar su voluntad evocadora ni su lucidez narrativa. Composiciones clásicas de Joaquín Rodrigo (Concierto de Aranjuez) y de Manuel de Falla (Noches en los jardines de España) se combinan con voces del acervo folclórico como Pepe Marchena (Tiempo de toros en La Habana), Perico el del Lunar (Caracoles) o Lilián de Celis (Las tardes del Ritz). También hay espacio para Johann Sebastian Bach (a través de la destilación jazz de Jacques Loussier), The Rolling Stones (Empty Heart) y Duke Ellington (Solitude y Satin Doll). Resulta asombroso imaginar que todo ello se montara en una noche.

No hay comentarios:
Publicar un comentario